jueves, 30 de octubre de 2014

Filosofía de la Antigüedad Tardía y del Medioevo - textos fuente y textos de análisis

Obras de San Agustín - Tomo III - BAC
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYYkpRLVR2aHFrOTg/view?usp=sharing

Filón de Alejandría - Obras Completas
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYYmoxWVBnWTdUak0/view?usp=sharing

Etienne Gilson - A Filosofia na Idade Media
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYQVpIcWtvNGdzbzA/view?usp=sharing

Alain de Libera - Por qué hay medievalistas
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYTDdsZmktOE0ySmc/view?usp=sharing

The Cambridge History of Later Medieval Philosophy 1100-1600
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYVTdfU2N3bTlMejg/view?usp=sharing

The Cambridge History of Philosophy in Late Antiquity vol I
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYVGhCcWVXbDRtNlE/view?usp=sharing

Abu'l walid ibn Rusd (Averroes) - Tratado decisivo sobre la armonía entre religión y filosofía (Kitab fasl al maqal)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYVHpWRW5SWk53a1k/view?usp=sharing

Abu'l walid ibn Rusd (Averroes) - Incoherencia de la Incoherencia (Tahafut al tahafut) - vol I-II - de Primera a Cuarta Discusión
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYMXBxZEFkN201NGp1ZUtSR2xLajNFWnMyQmdz/view?usp=sharing

Fredegiso de Tours - Sobre la nada y las tinieblas (De Nihil et Tenebris) - fragmentos
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYV2NUcndRbFFSM0E/view?usp=sharing

Corporalem animae substantiam: corporeidad y simplicidad del alma en el pensamiento de Tertuliano - Nicolás Moreira Alaniz
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYQWNOUkhnRWhyMWs/view?usp=sharing

La Filosofía Árabe - Miguel Cruz Hernández
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYOWVUREQ0V3U1Ums/view?usp=sharing

La cuestión de los universales en la Edad Media - selección de textos de Porfirio, Boecio, y Pedro Abelardo(Bertelloni; Marchetto; Tursi)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYRUpzV1VRRUd5V28/view?usp=sharing

Abu Hammid al Ghazzali (Algacel) - Intenciones de los filósofos (Maqasid al falasifah) - trad. Manuel Alonso Alonso
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYWndyMnU5ZklBd2M/view?usp=sharing

Abu Hammid al Ghazzali (Algacel) - Incoherencia de los filósofos (Tahafut al falasifah) - trad. Sabih Ahmad Kamali
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYNVk3b0gzUWhDdGs/view?usp=sharing

San Agustín de Hipona - Sobre la inmortalidad del alma (De inmortalitate animae)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYTWMzSDF5REJkbnc/view?usp=sharing

Pedro Abelardo - Historia de mis desventuras (Historia Calamitatum mearum)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYUmNtdmRwTFRvTmM/view?usp=sharing

San Justino "el mártir" - selección de textos de Apologías y de Diálogo con el judío Trifón
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYeUxiVFpuakxDYWs/view?usp=sharing

Taciano "el sirio" - selección de textos de Discurso contra los griegos
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYYXQ4ZWRFLUp4UXM/view?usp=sharing

Paul Spade - History of the Problem of Universals in the Middle Ages - notes and texts
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYaS1kWEFrWFQxT28/view?usp=sharing

Abu Nasr al Farabi - The Philosophy of Plato and Aristotle: The attainment of happiness (Kitab tahsil al saadah); Philosophy of Plato (Falsafah al Aflatun); Philosophy of Aristotle (Falsafah al Aristutalis) - trad. Muhsin Mahdi
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYZzBlR2syenRTUzg/view?usp=sharing

Abu Yusuf al Kindi - Sobre la Filosofía Primera (Fi al falsafah al ula)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYR0VESTg1Mm9yeUk/view?usp=sharing

Abu Nasr al Farabi - Catálogo de las Ciencias (Ihsa al ulum)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYZDdFcF9UZjVtX2s/view?usp=sharing

Tomás de Aquino - El Ente y la Esencia (De Ente et Essentia)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYMUkxNm1xQnZRU1k/view?usp=sharing

Alejandro de Afrodisia - Suplemento (Mantissa) al libro Acerca del Alma: Tratado sobre el Intelecto - trad. José Manuel García Valverde
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYcWU1VTdDalMxSWc/view?usp=sharing

Tertuliano de Cartago - Apologético (Apologeticum)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYdGhGNXliRF9MWDQ/view?usp=sharing

Abu Nasr al Farabi - Sobre el intelecto y lo inteligible
https://drive.google.com/folderview?id=0B74z4VNpIcWYN1E2Vk96ZjNMcEE&usp=sharing

Tomás de Aquino - Summa Teológica - BAC
https://drive.google.com/folderview?id=0B74z4VNpIcWYamZYWGUyYkNRWlU&usp=sharing

Majid Fakhry - Al Farabi. Founder of Islamic Neoplatonism
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYV2M2QzZ1bS1pMTg/view?usp=sharing

Damien Janos - Method, Structure and Development in al Farabi's Cosmology
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYUS1obkpfWVN6bWc/view?usp=sharing

Ian Richard Netton - Al Farabi and his School
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYX3UwQ1hPZUI0MXM/view?usp=sharing

Robert Pasnau (edit.) - The Cambridge Translations of Medieval Philosophical Texts. Vol.3 Mind and Knowledge
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYWG9XY09QWjFuYXM/view?usp=sharing

Tesis condenadas por Etienne Tempier (obispo de París) en 1277 - (latín): en Siger de Brabant et L'Averroïsme Latine au XIIIme Siècle (Pierre Mandonnet)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYRjFsUV96eXEwenc/view?usp=sharing

Los Filósofos Medievales II (selección de textos fuente) - Clemente Fernández (edit.)
https://drive.google.com/file/d/0B74z4VNpIcWYYUhCMDcxVlM3WEU/view?usp=sharing

jueves, 18 de septiembre de 2014

“El innatismo de las cogniciones primarias y la adquisición del conocimiento en Tahsil al-saadah de al-Farabi

Prof. Nicolás Moreira Alaniz 

Presentación.
            La figura de Abu Nasr Muhammad ibn al-Faraj al-Farabi (872 Transoxiana-950 Damasco), es una de las más importantes en la primera etapa de desarrollo de la filosofía árabe medieval, de tal forma que fue denominado, por exponentes posteriores (Ibn Sina, Ibn Rushd), el “segundo maestro” por su relevancia, luego de Aristóteles[1].
            Formó parte de la corriente de los filósofos (falasifa), inaugurada, especialmente, por al-Kindi. Además de adoptar la impronta proveniente del neoplatonismo y el peripatetismo de la antigüedad tardía, en algunos aspectos rescató el influjo de tendencias y disputas provenientes de las escuelas teológicas (kalam), sobre todo de los mutáziles (al-mu’tazilah), que se gestó a partir del siglo VIII, arropada bajo la protección e incentivo de los califas abásidas de Bagdad.

Entre sus diversas obras originales, comentarios y opúsculos, rescatamos el tratado referido a la consecución [u obtención] de la felicidad [o la salvación]. Este “Tratado sobre la consecución de la felicidad” (Risala tahsil al-saadah) forma parte de una trilogía compuesta también por el “Tratado sobre la filosofía de Platón” y el “Tratado sobre la filosofía de Aristóteles”. Tomaré como referencia la traducción al inglés, realizada por Muhsin Mahdi (1962).
La obra trata sobre la relevancia y problemática del conocimiento humano. Tal importancia reside en un total convencimiento que el conocer intelectivo y racional, conduce a adquirir los principios y herramientas correctas para alcanzar la felicidad terrena y suprema. La ciencia teórica o especulativa precede, por lo menos formalmente, al desarrollo de la ciencia práctica. Los fundamentos de una vida feliz en comunidad se deducen de los fundamentos universales y necesarios de la ciencia teórica que estudia el principio de los seres naturales.

El planteo del problema.
            Al-Farabi comienza presentando las diferentes formas en que puede y debe desarrollarse el camino del conocimiento humano con miras a la obtención de la felicidad. Los métodos para lograr la realización de tal pretensión pueden mostrarse diversos, aunque, en última instancia, puedan resolverse en dos: el método demostrativo y el método persuasivo (iv, 55, p.44).
De esta forma, las preguntas que podrían surgir, serán, ¿qué relación hay entre estos métodos? ¿qué aporte hay de cada uno? Ahora, es interesante que, para él, las diferencias de ambos métodos no constituyen la configuración de un doble acceso a la verdad, sino que, su postura es la entender que la verdad alcanzada, sí y solo sí, puede constituirse como tal, mediante un método lógicamente estructurado y en correspondencia con una realidad ontológica de la que debe dar cuenta, y ese debería ser el método demostrativo o filosófico[2].

            Más adelante, al-Farabi se detiene, en determinar cuál es el principio de nuestro conocimiento discursivo; a partir de qué y cómo generamos conocimiento verdadero sobre la realidad, mediante una clara asimilación de la gnoseología y lógica aristotélica:

“Las cogniciones primarias relativas a cada género de seres, son los principios de instrucción para tal género, siempre que posean las bases y condiciones mediante las cuales el estudiante es guiado hacia la certera verdad acerca de lo que quiere conocer de ese género.”
(La consecución de la felicidad, i, 5, p.15)

“Las primeras premisas son conocidas mediante un conocimiento primario; desde su base cada uno procede del conocimiento subsecuente alcanzado por la investigación, la inferencia, la instrucción, y el estudio. Por la investigación o la instrucción alguien puede buscar el conocimiento de las cosas desconocidas desde el exterior: cuando están siendo investigadas y su conocimiento es confuso, son problemas; y luego cuando el hombre mediante la inferencia o el estudio ha sido conducido a convicciones, opiniones o conocimientos sobre éstos, se convierten en conclusiones.”
(La consecución de la felicidad, i, 2, p.13)
           
            Cuando habla de conocimiento primario, se puede entender que él se refiere a cierta aprehensión intelectiva inmediata sobre algo exterior al alma, pero del cual, no debo, necesariamente, ser consciente de cómo lo adquirí ni de dónde surgió.[3]  Al-Farabi se refiere a las cogniciones primarias como principios de instrucción o de conocimiento, los cuales ofician de primeras premisas en los razonamientos que pretenden llegar a concluir las verdaderas causas de las cosas que están comprendidas en una especie y en un género tal.
            Ahora, la ciencia que estudia las causas de los seres, en tanto necesarias y naturales (o sea, según al-Farabi, no generadas por un agente voluntario), es la ciencia teórica, incluyendo diferentes de niveles de conocimiento, por su objeto y no por su método: metafísica, matemáticas, física –óptica, mecánica, ingeniería. Es imprescindible, pues, que las primeras premisas de las primeras demostraciones teóricas contengan ciertas cogniciones primarias que hayan sido adquiridas, no de nuestra percepción sensible, sino de nuestro mismo intelecto.

El innatismo de nuestros principios cognitivos primarios.
            Hay indicaciones concretas del autor en diferentes obras sobre la existencia de cogniciones innatas en el ser humano. Este innatismo debe siempre conectarse con la idea de Dios dador de las formas y potencias intelectivas y determinantes de la realidad creada, a través de las causas segundas o celestes hasta culminar en el intelecto agente dador de las formas intelectivas primarias, y agente de la actualización del entendimiento humano.

En “Kitab al tanbih ‘alá sabil al sa’ada” (“Información sobre el camino de la felicidad”), el autor dice que son “aquellas de cuyo conocimiento nadie carece, …tales como el todo es mayor y más que su parte o que el hombre no es caballo y otras semejantes …éstos se llaman conocimientos notorios o primeros principios reconocidos. Cuando un hombre los niega, pues puede negarlos de palabra, sin embargo no puede negarlos en su mente… Todas estas cosas de cuyo conocimiento nadie carece están presentes en la mente del hombre desde el comienzo de su existencia de manera innata.” (233-235, p.73).

            Así, tal tipo de cogniciones son formas conceptuales innatas, diferentes a lo que pueden ser las meras disposiciones o potencialidades innatas de los individuos, con variedad de gradación, p.e. claridad, prudencia, agudeza mental, rectitud, etc. Las cogniciones primarias, inclusive se inscriben en el ámbito de nuestro intelecto, pero no están siempre en acto, ya que, en referencia al fragmento anterior, nadie entonces podría negarlos aunque sea con la palabra. Además, tal posibilidad iría en contra de lo que dice Aristóteles sobre nuestro intelecto, el cual es en potencia todas las formas. El entenderlos implica que el intelecto agente, permanentemente en acto y separado de todo sustrato material, actualice los primeros principios que están en potencia en nuestra mente.
            Por otra parte, no es de otra forma que se actualizan sino cuando pretendemos conocer las cosas externas, por lo tanto cuando el móvil es conocer y actuar en la realidad. ¿Tales cogniciones son, en este sentido, a la vez que innatas, cogniciones a priori, formas conceptuales en sí mismas independientes de todo contenido, pero que para generar conocimiento demostrativo certero son necesariamente actualizadas con la experiencia? ¿o, tal vez, sean conocimientos cargados de evidencia y adquiridos por la proyección, sobre nuestro intelecto posible, de la formalización del agente externo y en acto?. En ambos casos, la potencialidad del intelecto se mantiene, ya sea por la existencia de formas a priori en potencia en nuestro intelecto, o por la actualización de las formas recibidas en el intelecto posible mediante el concurso del intelecto agente.

            En “Tratado sobre el entendimiento y lo inteligible”, nos recuerda lo expresado en el Tahsil al-saadah, donde vuelve sobre la existencia, en nuestro intelecto, de proposiciones universales y necesarias no adquiridas mediatamente por la inferencia ni el estudio: “… adquiere desde su niñez la certeza de las proposiciones universales, verdaderas y necesarias. Y no se trata de una adquisición obtenida por argumentación o por meditación, sino [algo que el hombre tiene] natural y propiamente desde su infancia. (…) con ella [la facultad del entendimiento] obtenemos el primer conocimiento y la primera certidumbre acerca de las proposiciones indicadas sin que sea precedida ni de meditación  ni de consideración alguna. Dichas proposiciones universales constituyen los principios de las ciencias especulativas.”[4]

            Ahora, si al-Farabi hace referencia a cogniciones que son innatas, ¿a cuáles se refiere? Si no es posible que sean formas inteligibles en acto, entonces debe entenderse como formas a priori de la experiencia, pero en potencia. Tales formas proposicionales ofician de principios del conocimiento teorético: principio de identidad, de causalidad, de relación y subordinación, de no contradicción, etc. Esta lectura podría ir más de acuerdo con este innatismo cognitivo y, asimismo, con la postura farabiana de la necesidad primaria de la teorética con respecto a la práctica, sin embargo con relación de mutua dependencia funcional.
Sobre esto último, nos dice: “Si, luego que la virtud teorética ha causado que el intelecto perciba las virtudes morales, éstas pueden ser realizadas en acto si la virtud deliberativa las discierne y descubre los accidentes que deben acompañar sus inteligibles, para así llegar a la existencia [una existencia causada por la voluntad]…”. (ii, 35, 27, p.32-33). “Esta facultad lógica nos hace capaces de discernir que lo que inferimos sea un conocimiento certero o una mera creencia, que sea la cosa en sí misma o su imagen y similitud.” (i, 4, 10-15, p.14-15).
           
Aparentemente, en apoyo a la idea expresada en “Información sobre camino de la felicidad”, el autor, en Ihsa’al-‘ulumwa-tarfhi-buha (“Catálogo de las ciencias”) nos dice, en su artículo II, que “hay que advertir que entre los juicios racionales los hay en que cabe el error, pero también hay algunos en lo que no es posible que el entendimiento se equivoque en manera alguna; a saber, aquellos juicios que el hombre encuentra en su alma grabados, como si hubiese sido creada con el conocimiento cierto de ellos …”El todo es mayor que la parte. Todos número tres es impar”.”[5]

No hay una afirmación concluyente en cuanto a la naturaleza de estos principios de conocimiento, si son puras formas o contenidos a priori de la experiencia, pero sí, su carácter necesario e innato.
            En la parte II del Kitab al-siyasa al-madaniyya (“Libro del Gobierno Político”) dice algo que parecería ir en contra, o por lo menos, no menciona, en cuanto a la existencia de cogniciones primarias innatas. Dice que lo que el hombre posee en forma innata, como especie, y los individuos que están comprendidos en ella, son disposiciones y facultades comunes y otras propias.

“Las disposiciones que son por naturaleza no fuerzan a nadie ni le obligan a hacer eso, sino que sólo son disposiciones para hacer esa cosa, para la que están preparados por naturaleza, de una manera más fácil para ellos.” (Al-Farabi (2008): II, p.100-101).
Al siyasa al-madaniyya

            En esta misma obra, un poco antes, hace una afirmación mucho más explícita en cuanto a que lo innato en el hombre es una facultad o principio activo que está en potencia, y que es actualizado por el intelecto agente, una vez que previamente se hayan actualizado la capacidad de sentir y apetecer.[6] Así, una vez más, nos encontramos con esa matriz de interdependencia entre la facultad teórica y la volitiva.

            En cuanto a la naturaleza de tales cogniciones primarias que identifica con los principios de instrucción o conocimiento, podríamos decir que, a través de las obras tenidas en cuenta, el autor presenta una posición no muy clara: los primeros principios son contenidos innatos (en Kitab al-tanbih’alà sabil al-saadah, y en Kitab ihsa al-ulum); los primeros principios son meras disposiciones o formas innatas (en Kitab al-siyasa al-madaniyya).

            En la base de esta dilucidación, se encuentran varias cuestiones entrelazadas:
1)      la urgencia por conformar un conocimiento con fundamentos y conclusiones lógicamente necesarias y certeras, el conocimiento teórico de las esencias de las cosas; el desvelamiento de los principios ontológicos fundamentales del ser;
2)      determinar la orientación con criterios necesarios que permitan al hombre transitar el camino a la felicidad terrena y suprema; camino que por sí sólo estaría determinado y orientado por la contingencia de las circunstancias y los accidentes variables;
3)      defender la idea que el hombre produce conocimiento sobre las cosas, y que ese conocimiento le permite aventurarse en el discernimiento y la realización de acciones;
4)      distinguir que así como el hombre es responsable de sus actos ante los demás y ante Dios, la potencialidad efectiva del hombre es dada por Dios mismo

Los dos primeros puntos hacen a la consecución de un trayecto científico fundado en verdades necesarias e independientes de toda contingencia con miras a alcanzar la felicidad; los dos últimos hacen a la necesaria proyección del hombre, como ser creado, libre y responsable de sus acciones ante Dios, en la realización de ese camino a la felicidad.

La significación y alcance del término adquisición.
            Una pregunta posible surge, posteriormente a la afirmación del carácter innato de ciertas cogniciones: ¿ese innatismo es propio en un sentido autónomo, o parcialmente autónomo, o hay una dependencia notoria de la denominada adquisición [consecución, realización] generadora desde nuestro intelecto, ante la providencia y omnipotencia divina?
            No hay que perder de vista en el pensamiento claramente racionalista de la falsafa, que el contexto aporético de tal discusión es el desarrollado por la teología musulmana, y especialmente la teología mu’tazil y as’ariya.
            En este sentido, el planteo farabiano en el Tahsil al saadah destaca en varias oportunidades la palabra adquisición. Tal palabra se debe entender en dos sentidos en cuanto es expresada en este texto, 1) adquisición (tahsil) como obtención o alcance en relación a un fin, en este caso, la felicidad; 2) adquisición (kasb) como producción, en este caso, la producción humana cuando realiza los inteligibles, ya sea los naturales a partir de formas externas naturales y necesarias, o voluntarias a partir de formas engendradas, adquiridas, en el intelecto.

            La fuente posible del sentido del término kasb en esta obra, esté en la discusión teológica entre mu’táziles y as’aríes, y entre tendencias dentro mismo del movimiento mutázil, sobre el alcance de la adquisición en el hombre. ¿Esta adquisición es producción en sí misma, liberada de toda dependencia, así como la creación divina; o se entiende como producción posibilitada por una disposición o potencia dada por Dios? En este segundo caso, tal afirmación no niega la posibilidad de que la acción misma de adquirir sea libre por parte del hombre. Ambas posturas fueron, anterior y contemporáneamente a al-Farabi, mantenidas por tendencias pertenecientes a la  escuela mutázil. La existencia de una tradición iraquí, no sólo en Basora sino también en Bagdad, permitiría suponer una posible conexión o influencia relativa de esta escuela del kalam en su pensamiento. Integrantes de la escuela, p.e. Abu Hasim al-Yubba’í, y Abd al-Yabbar (contemporáneos de nuestro autor), mantuvieron doctrinas teológicas con rigurosidad dialéctica, y asimismo, con la exigencia de un “empleo sistemático del método y demostración apodíctica”.[7]

            Según comentarios de la época, al-Yubba’í  afirmaba que “el Creador es [agente] poderoso para [obrar] aquél género de movimientos y reposo para el cual dio poder a sus siervos y  para todo lo demás para lo cual les dio potencia, (…) pero no calificaba a su Señor con potencia para crear la fe mediante la cual fueran creyentes y la justicia mediante la cual fueran justos, ni la palabra mediante la cual fueran locuentes. (…) También tiene por absurdo eso en toda cosa con que se califique el hombre. El sentido de esto es que el hombre es agente de aquello cuyo nombre se derive de él.”[8]

            La creación divina, fuente de todo lo creado, es también fuente de las potencias “creadoras” del hombre –intelectiva y volitiva-, pero no de su actualización y funcionamiento. El hombre “crea” no en un sentido absoluto, sino obrando “mediante instrumento, un miembro y una potencia [quwa] inventiva.”[9] El hombre se define como adquirente, aquel ser que puede producir, inventar, generar, mediante instrumentos y capacidades naturales y adquiridas.
            Al-Farabi adopta una postura semejante, desde un análisis más racionalista, pero sin olvidarse del sustrato religioso que configura la estructura de su pensamiento. La idea de que el hombre crea de forma absolutamente distinta a como lo hace Dios, se mantiene en la base de una posición gnoseológica igualmente diagramada por el aristotelismo neoplatonizante. El ser humano “hace” o “realiza” las formas inteligibles de las cosas exteriores, produce o adquiere una forma del ser en su intelecto[10], el cual da noticia de la realidad existente, así como de la acción intelectiva misma.

Conclusión.
            El conocimiento verdadero que nos permita actuar y vivir en acuerdo con la pretensión de alcanzar la felicidad suprema, para lo cual previamente hay que rescatar y hacer realizable la plena identidad entre la felicidad individual y la felicidad de la comunidad, debe congeniar, por un lado, la necesariedad de la verdades fundamentales sobre la realidad que nos sirven de modelo o paradigma para nuestra realización como parte constitutiva de la comunidad de seres humanos [el modelo ontológico del orden político y moral]; y, por otro lado, la necesaria adquisición y aplicación de verdades derivadas que se ajusten a la contingencia del tiempo, lugar, composición social, costumbres, etc., que hacen a las diferencias entre los seres humanos. El camino es progresivamente, de la ciencia teórica, apodíctica, hacia la ciencia política generadora de recursos y medios[11] para la vida en comunidad. Si el camino es inverso, sucede lo que exhaustivamente, al-Farabi destaca en, p.e., Kitab al-huruf (Libro de las Letras), la religión, las costumbres, los símbolos e imágenes, se transforman en el fundamento de una verdad aparente.       

            Volviendo a la obra central de este trabajo, “La consecución de la felicidad”, y luego de haber rescatado enunciados que nos confirman la idea de que ciertas cogniciones y/o disposiciones primarias son innatas, debemos analizar la conexión establecida entre los principios de instrucción en relación a un cierto género y los principios del ser relativos a ese mismo género. Esa conexión implica, en algunos casos, identidad, y en otros discordancia; en el primer caso, los principios de instrucción se muestran como cogniciones primarias evidentes y necesarias, producto de una adquisición [producción, kasb] inmediata (al-mubasar) que, como hemos dicho, no está determinada por la inteligencia agente, sino que la misma habilita o dispone al intelecto para que al producir los inteligibles también los componga o divida de acuerdo a estas cogniciones primarias. Las otras, son adquisiciones mediatas que revelan la debilidad de nuestra capacidad cognitiva, de ellas y metódicamente es posible adquirir conocimientos de segundo orden verdaderos, engendrados mediatamente (al-tuwallid).

En relación a la plena identidad de ambos principios, el lógico-cognitivo y el ontológico, la conexión es entre cogniciones primarias y principios que son causas [formal, material, eficiente, final, según el género que sea estudiado] del género en cuestión, sus especies comprendidas, y los individuos comprendidos en ellas. Es así, que una posible interpretación de la naturaleza de estos principios de instrucción sea el tener una naturaleza causal [en los sentidos propios a tal orden de género a estudiar: ya sea, formal, material, eficiente y final]. Las cogniciones primarias son causa de la instrucción y el conocimiento, ya sea de la plena evidencia, como de la demostración silogística. Esa naturaleza causal refiere a la forma actualizante, la potencia efectiva, la posibilidad de ser algo, y el objetivo de perfeccionamiento, oficiando de guía para la instrucción correcta. 
* * *
Bibliografía.
AL-FARABI: The attainment of happiness (Kitab tahsil al-saadah) en The philosophy of Plato and Aristotle (translated by Muhsin Mahdi). The Free Press of Glencoe, Agora Editions, New York, 1962.
AL-FARABI: Sobre el entendimiento y lo inteligible (Risala fi-ma’aní al-‘aql) –trad. Jesús Caño Guiral, FHC/DPE, Montevideo, 1978.
AL-FARABI: Catálogo de las Ciencias (Kitab Ihsa al-Ulum) – trad. Angel González Palencia. Imprenta de Estanislao Maestre, Madrid, 1982.      
AL-FARABI: Catálogo de las ciencias (Kitab Ihsa al-Ulum). En “Antología - Filosofía Musulmana”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009.
AL-FARABI: El camino de la felicidad -trad. Rafael ramón Guerrero, Editorial Trotta, Pliegos de Oriente, Madrid, 2002.
AL-FARABI: Obras filosóficas y políticas –edición y trad. Rafael Ramón Guerrero, Editorial Trotta, Madrid, 2008.
AL-GHAZALI: Incoherence of the philosophers (Tahafut al-falasifah) – translated by Sabih Ahmad Kamali. Pakistan Philosophical Congress, Nº3, Lahore, 1963.       
ARISTÓTELES: Acerca del alma –trad. Tomás Calvo martínez, Editorial Gredos, Madrid, 2000.
BLACK, D.: Knowledge and certitude in al-Farabi’s epistemology, en “Arabic Sciences and Philosophy”, vol.16 (2006), 11-45, Cambridge University Press.
CANALS VIDAL, F.: Historia de la Filosofía. Curso de Filosofía Tomista, Editorial Herder, Barcelona, 2002.
CRUZ HERNÁNDEZ, M.: Historia del pensamiento en el mundo islámico-I-Desde los orígenes hasta el siglo XII en Oriente, Alianza Editorial, Madrid, 2011.
GILSON, E.: La filosofía en la Edad Media. Gredos, Madrid, 2007.
RAMÓN GUERRERO, R.: Filosofías árabe y judía, Editorial Síntesis.
RUBIO, L.: El “ocasionalismo” de los teólogos especulativos del Islam, Ediciones Escurialenses, Salamanca, 1987.

Prof. Nicolás Moreira Alaniz
Dep. de Filosofía – Instituto de Profesores “Artigas”
moreira71@gmail.com
Docente de Historia de la Filosofía Medieval en Formación Docente (CFE-CODICEN).
Profesor de Educación Media (CES-ANEP) – Esp. Filosofía
Maestría en Filosofía Contemporánea – FHUCE-UdelaR (en curso)




[1] RAMÓN GUERRERO, R. (2011), VI, p.187.
[2] AL-FARABI (1962): i, 3, p.13. 
[3] AL-FARABI (1962): i, 2, p.13.
[4] AL-FARABI (1978): 1, 40, p.4.
[5] Al-Farabi (2009): p.99.
[6] Ibid., p.97.
[7] CRUZ HERNÁNDEZ, M. (2011): I, 3, p.109.
[8] Cf Abu-l-hasan al-As’arí: Postulados de los islámicos (Maqalat al-Islamiyin), II, 206, 217(9); I, 251. En, “El ocasionalismo de los teólogos del Islam” de Fray Luciano Rubio (1987): I, p.34.
[9] Ibid, II, 199. En, Luciano Rubio (1987): I, p.38.
[10] AL-FARABI (1978): 2, 145, p.7. “Una vez que los inteligibles devienen actuales, devienen seres del universo, en tanto que actuales, y, en tanto que inteligibles en acto, se les debe contar entre las cosas reales.”
[11] Al-Farabi hace referencia en Tahsil al-saadah (iii, 41-42, p.36-37) a que los medios de difusión de las verdades fundamentales y los principios prácticos de convivencia son la instrucción [mediante el estudio, la persuasión o el simbolismo imaginativo], y si no hay voluntad para ser instruido, mediante la compulsión [de forma coactiva].

martes, 21 de enero de 2014

Links de películas y documentales relacionados con la Filosofía Tardo-Antigua y Medieval






"San Agustín" (2010) - Franco Nero   -  Parte 1




"San Agustín" (2010) - Franco Nero   -  Parte 2




"El Nombre de la Rosa" (1986) - Jean-Jacques Annaud



"Visión. La historia de Hildegarda de Bingen" (2009) - Margarethe von Trotta




"Ibn Sina (Avicena)" - documental subtitulado - Córdoba TV





"El Destino (Al-Massir)" - sobre la vida de Averroes (1997) - Youssef Chahine
(subtitulado en inglés)











jueves, 10 de octubre de 2013

"De Docta Ignorancia" Libro II - Nicolás de Cusa


Fragmentos de texto del Libro II de “La Docta Ignorancia” (1440)
de Nicolás de Cusa


Discreción de los entes e imposibilidad de la precisión en el conocimiento sobre las cosas (inquisición comparativa).
Analogía con las figuras geométricas.
(1) Por ello en lo anterior mostramos que la igualdad exacta sólo le conviene a Dios, de lo que se sigue que todas las cosas dables, excepto Él mismo, difieren. Así, pues, un movimiento no puede ser igual a otro, ni uno medida de otro, en cuanto que necesariamente la medida difiere de lo medido. Y esto a pesar de que las medidas sean infinitamente útiles. Sin embargo, si pasamos a la Astronomía, se observa que el arte calculatorio carece de exactitud, puesto que se presupone que por el movimiento del sol, puede medirse el movimiento de todos los demás planetas. La disposición del cielo con respecto a cualquier lugar o al origen y ocaso de los signos o a la elevación del polo y a las cosas relacionadas con éstas no es exactamente cognoscible. Y como nunca concuerdan con exactitud dos lugares en el tiempo y en el lugar, es evidente que los juicios de los astros distan mucho, por su particularidad, de la exactitud. Si se aplica consecuentemente esta regla a la Matemática se ve que en las figuras geométricas es imposible la igualdad en acto, y que ninguna cosa puede concordar con otra exactamente en la figura ni en la magnitud. Y aunque las reglas son verdaderas en su concepto, sin embargo, describir una figura igual a otra es una igualdad imposible en acto, pues todas las cosas son diferentes. (Libro II, cap.I)

Imprecisión de las ciencias teóricas y las artes miméticas.
(2) De acuerdo con esto, si aplicamos nuestra regla a la Aritmética veremos que dos cosas no pueden convenir en número, puesto que sobre la verdad del número varían la composición, constitución, proporción, armonía, movimiento y todas las cosas, extendiéndose la variación hasta el infinito. Por esto nos damos cuenta de que somos ignorantes, pues no hay ninguna cosa que sea igual a otra, ni según los sentidos, ni la imaginación, ni el entendimiento, ni el obrar, ni tampoco según la escritura o la pintura o el arte. Y aunque durante mil años se afanara alguien en intentar imitar a otro en cualquier cosa, nunca llegaría a la exactitud, aunque alguna vez se pudiera llegar a no apreciar diferencias sensibles. También el arte imita a la naturaleza cuanto puede, pero nunca podrá llegar a la exactitud con respecto a ella. Igualmente están lejos de la exactitud de la verdad la Medicina, la Alquimia, la Magia y las demás artes de las transmutaciones, si bien alguna sea más veraz en comparación con otra, como la Medicina es más veraz que las artes de las transmutaciones, como de por sí es evidente. (cap.I)

 Conocimiento humano no alcanza la quididad de las cosas, sino que entiende en cuanto a relaciones entre las cosas.

(3) Hasta aquí, arrastrados por este fundamento diremos: que en las cosas opuestas encontramos algo que excede y algo que es excedido, como en lo simple y lo compuesto, en lo abstracto y lo concreto, en lo formal y lo material, en lo corruptible y lo incorruptible, y en las demás cosas. De ahí que no se pueda llegar a alcanzar un puro opuesto en el que las cosas se opongan exacta e igualmente. Así, pues, todas las cosas se hallan en diversidad de grado con respecto a sus opuestos, habiendo en unos más y en otros menos, y surgiendo la naturaleza de uno de los opuestos por la victoria sobre el otro.

Por lo cual el conocimiento de las cosas es investigado racionalmente, de manera que sepamos de qué modo la composición de una cosa consiste en cierta simplicidad, y en otra, la simplicidad en cierta composición; cómo en una consiste la corruptibilidad en la incorruptibilidad, ... (cap.I)

La infinitud de Dios y del Universo.
No es posible relación proporcional (medible) entre lo finito y lo infinito.
(4) Pues como cualquier parte del infinito es infinita, implica contradicción encontrar más y menos allí donde se recurre al infinito, no pudiendo convenir tampoco el más y el menos al infinito, pues necesariamente esto mismo sería infinito. (cap.I)

Lo absolutamente infinito y el infinito contracto.
(5) Sólo, pues, lo absolutamente máximo es infinito negativamente, porque sólo él es lo que puede ser con toda potencia. El universo, sin embargo, como comprende todas aquellas cosas que no son Dios, no puede ser negativamente infinito, aunque no tenga límites y sea privativamente infinito. Y por esta razón no es ni finito ni infinito. En efecto, no puede ser mayor que lo que es, y esto sucede por defecto, pues la posibilidad o materia no se extiende más allá de sí misma. Pues lo mismo es decir que el universo puede ser siempre mayor en acto, que decir que el poder se puede convertir en acto infinitamente, lo que es imposible, ya que la actualidad infinita o eternidad absoluta no puede originarse de la potencialidad, por ser la posibilidad en acto de todo ser.
Por ello, aunque con respecto a la infinita potencia de Dios, que es interminable, el universo puede ser mayor, sin embargo, por oponerse la posibilidad del ser o materia, que no es extensible en acto infinito, el universo no puede ser mayor, y así es ilimitado, no habiendo algo mayor que él en acto que le limite, y es, por tanto, privativamente infinito. El mismo no es en acto sino de modo contracto, porque éste es el mejor modo de manifestarse la condición de su naturaleza. (cap.I)

La creación divina.
El problema de la creación de lo finito y diverso. La causación de los entes.
(6) ¿Cómo, pues, aquello que no es por sí podría ser de otro modo que por el eterno ser? Y, puesto que el máximo está alejado de toda envidia, no puede (en cuanto tal) comunicar un ser disminuido. No tiene, pues, la criatura, que por el ser tiene todo cuanto es, la corruptibilidad, la divisibilidad, la pluralidad, y demás cosas de este género por el máximo eterno, indivisible, perfectísimo, indistinto y uno: ni tampoco por alguna causa positiva. Pues, como la línea infinita es rectitud infinitamente, y es la causa de todo ser lineal, la línea curva, en cuanto línea, procede de la infinita, pero en cuanto que es curva no procede de la infinita, sino que la curvidad sigue a la finitud, ya que es curva porque no es máxima. (cap.II)
  
(6ª) La criatura ha sido hecha por Dios para que sea una, discreta y unida al universo, y cuanto más una sea, más semejante a Dios será. Pero el que su unidad se dé en la pluralidad, su discreción en la confusión, y su conexión en la discordancia, no se debe a Dios, ni tampoco a otra causa positiva, sino a algo contingente. Y quien uniera a la vez en la criatura la necesidad absoluta, por la cual es, con la contingencia, sin la cual no es, podría entender su ser. Pues parece que la criatura, que ni es Dios ni tampoco la nada, casi está después de Dios y delante de la nada, entre Dios y la nada, como dice uno de los sabios: "Dios es oposición a la nada por medio del ente".
Pero la criatura, sin embargo, no puede estar compuesta por el ser y el no ser. Parece pues, que no es ser porque está por debajo del ser, ni no ser, porque está antes que la nada; ni tampoco está compuesto por ambos.
Nuestro entendimiento, que no puede superar las contradictorias, divisiva o compositivamente, no alcanza el ser de las criaturas, y aunque conozca que su ser no es sino por el ser máximo, su ser no es inteligible, pues el ser por el cual es, no es inteligible, como no es inteligible la presencia de los accidentes si la substancia en la que están presentes no lo es. (cap.II)

Los límites de la razón. Docta ignorancia.
(7) ... ¿cómo podría entenderse que la criatura no sea eterna siendo Dios eterno, y, más aún, la misma eternidad? Mas en cuanto la misma criatura es el ser de Dios nadie duda que es la eternidad, pero en cuanto cae bajo el tiempo, no es por Dios, que es eterno. ¿Quién entiende que la criatura sea desde la eternidad y a la vez temporalmente?; no pudo, pues, la criatura, en su mismo ser, no ser en la eternidad, ni pudo ser antes que el tiempo, puesto que antes que el tiempo no hay un antes, y así fue siempre, puesto que pudo ser. ¿Quién, finalmente, puede entender que Dios es la forma del ser y, sin embargo, no se mezcle a la criatura? Pues un compuesto, que no puede existir sin proporción, no puede originarse de la línea infinita y de la curva finita. Pues nadie duda que es imposible que exista proporción entre lo finito y lo infinito.
(...) ¿Quién hay que pueda entender cómo una forma infinita sea participada por diversas criaturas de modo distinto, no pudiendo ser el ser de las criaturas otra cosa que su resplandor, el cual no es recibido positivamente sino en cosas que son contingentemente diversas?
(...) ¿Quién podría entender cómo todas las cosas que tienen diversidad por razones contingentes son imagen de aquella única forma, casi como si la criatura fuera un Dios ocasionado, como el accidente es una substancia ocasionada, o la mujer un hombre ocasionado; puesto que la forma infinita no es recibida sino de modo finito, en cuanto toda criatura es casi una infinidad finita o Dios creado, pues existe del mejor modo posible? (cap.II)

Dios es y se expresa en todas las cosas, y todas las cosas en Dios. Complicatio y explicatio.
(8) La unidad infinita es, pues, complicación de todas las cosas.
En efecto, se dice que la unidad, que une todas las cosas, es máxima, no sólo porque la unidad es complicación del número, sino porque lo es de todas las cosas. Y como en el número que explica la unidad no se encuentra más que unidad, del mismo modo en todas las cosas que son no se halla sino máximo. (cap.III)


Generación del Universo como semejanza (igualdad) de la Unidad. El Universo como complicación de la diversidad de lo múltiple.

(9) Pero está por encima de nuestra mente el modo de la complicación y de la explicación. ¿Quién entendería, pregunto, cómo es hecha por la mente divina la pluralidad de las cosas, en cuanto que el entender de Dios es su ser, el cual es, a su vez, la unidad infinita? Si esto se lleva al número, considerando su semejanza, como el número es una multiplicación del uno común hecha por la mente, parece casi que Dios, que es la unidad, se multiplique así en las cosas, puesto que el entender es su ser; pero, sin embargo, se comprende que no es posible que la unidad, que es infinita y máxima, se multiplique. ¿Cómo, pues, se entiende la pluralidad, cuyo ser procede de uno sin multiplicación?, o ¿ cómo se entiende la multiplicación de la unidad sin multiplicación? No, ciertamente, como la de una especie o la de un género multiplicada en muchos individuos o especies, fuera de los cuales el género o la especie no existe sino por obra de un entendimiento que abstrae. Nadie entiende, pues, cómo por el número de las cosas pueda ser explicado Dios, el ser de cuya unidad no es abstraído de las cosas por el entendimiento, ni está unido a las cosas, ni inmerso en ellas. Si se consideran las cosas sin Él no son nada, como el número sin unidad. Si se le considera a Él mismo sin las cosas, Él es y las cosas no son nada. Si se le considera en cuanto que está en las cosas, las cosas en las cuales se considera que Él es, son algo, y en esto hay equivocación, ... (cap.III)


Analogía especular. La manifestación gradual de Dios en las cosas.
(10) Y sólo se sabe esto, que se ignora el modo, aunque se sabe que Dios es la complicación y la explicación de todas las cosas, y que en cuanto es, es complicación, todo en Él es Él mismo y en cuanto es explicación Él mismo es en todas las cosas lo que son, como la verdad en la imagen; lo mismo que si hubiera un rostro en una imagen propia que se multiplicara por sí de lejos y de cerca, no entiendo en cuanto a la multiplicación de la imagen distancia local, sino gradual, según el parecido del rostro, pues no podría multiplicarse de otro modo, y de modo distinto y múltiple apareciera ininteligiblemente y por encima de todo sentido y mente un solo rostro. (cap.III)

Configuración del Universo.
(11) Pero la unidad contracta, que es el uno universo, aunque sea uno máximo, como es contracto, no está exento de la pluralidad, aunque sea el máximo uno y contracto. Por lo cual, si bien es máximamente uno, su unidad está contraída en la pluralidad, como lo está la infinidad por la finidad, la simplicidad por la composición, la eternidad por la sucesión, la necesidad por la posibilidad, y así en las demás cosas. (cap.IV)

Quididad absoluta y quididad contracta.
(12) De este modo el investigador podría obtener muchas cosas. Pues como Dios, en cuanto que es inmenso, no está en el sol, ni en la luna, aunque sea en ellos lo que ellos son absolutamente, así el universo no está en el sol, o en la luna, aunque sea en ellos lo que son contractamente. Y porque la quididad absoluta del sol no es otra que la de la luna (puesto que es el mismo Dios el que es entidad y quididad absoluta de todas las cosas) la quididad contracta del sol es otra que la quididad contracta de la luna, porque así como la quididad absoluta de la cosa no es la misma cosa, la quididad contracta no es sino la misma cosa. Por lo que queda claro que, como el universo sea quididad contracta, la cual está contraída de un modo en el sol y de otro en la luna, la identidad del universo está en la diversidad, como la unidad en la pluralidad; de donde el universo, aunque no sea ni el sol ni la luna, sin embargo, es sol en el sol, luna en la luna, pero es lo que es el sol y la luna sin pluralidad ni diversidad.
Universo expresa universalidad, es decir, unidad de muchos. (cap.IV)

(13) En cada criatura, pues, el universo es la misma criatura, y así cada cosa recibe todas las cosas, para que en ella sean ella misma de modo contracto, no pudiendo cada una ser todas las cosas en acto, pues, por ser contracta contrae todas las cosas en sí misma. Así, pues, si todas las cosas están en todas, todas parecen preceder a cada una. Y esta totalidad no es una pluralidad, pues la pluralidad no precede a ninguna cosa. (cap.V)


Conexión relativa de todas las cosas. El Universo como un Todo. Analogía del ser vivo.

(14) Se comprende también que de esto surge la conexión y diversidad de las cosas: como cualquier cosa en acto no pudo ser todas las cosas, porque hubiera sido Dios, y para que todas las cosas fueran de modo que pudieran ser lo que es cada una, no pudo cada una ser semejante en absoluto a otra, como se vio más arriba. Por esto hizo que todas las cosas fueran en grados diversos, como también hizo que aquello que son, lo cual no pueden ser a la vez y de modo incorruptible, lo fueran incorruptiblemente y en sucesión temporal, de modo que todas las cosas sean lo que son, ya que no pudieron ser otra y mejor cosa. Todas las cosas se aquietan en cada cosa, ya que no podría haber un grado sin otro; al igual que en los miembros corporales uno se une a otro y todos se armonizan. (cap.V)

 Proceso generativo desde la unidad contracta hasta la pluralidad entitativa. Los universales.

(15) Y puesto que la unidad absoluta es primera, y la unidad del universo es por ésta, la unidad del universo será la unidad segunda, la cual consiste en una cierta pluralidad. Y como la unidad segunda (como se enseña en el Libro de las Conjeturas) es denaria, pues une diez predicamentos, el universo que explica la primera absoluta unidad simple será uno por contracción denaria. Todas las cosas se complican en lo denario, puesto que no hay ningún número por encima de él. Por lo cual la unidad denaria del universo complica la pluralidad de todas las cosas contractas. Y como aquella unidad del universo, como principio contracto de todas las cosas, está en todas, entonces, como el denario es la raíz cuadrada del centenario y cúbica del milenario, así la unidad del universo es raíz de las cosas universales, raíz por la cual se origina primeramente el número cuadrado, casi como tercera unidad, y el número cúbico como unidad última o cuarta, y es la primera explicación de la unidad del universo, que es la segunda unidad; la centenaria es la unidad tercera, y la última explicación la unidad cuarta o milenaria.

(...) El universo es, pues, la universalidad de diez cosas generalísimas, y después de éstas los géneros, y luego las especies, y así las cosas universales son aquellas cosas según sus grados, las cuales existen en cierto orden natural gradualmente antes de la cosa que ellos mismos contraen en acto. Y como el universo es contracto no se halla explicado más que en los géneros, y los géneros no están explicados más que en las especies. Pero los individuos están en acto, y en ellos están las cosas universales contractamente, y según esta consideración se ve cómo los universales no son en acto sino de modo contracto. (cap.VI)

 La imagen trinitaria en la contracción del Universo.
(16) No puede, pues, haber contracción sin lo contraíble, lo contrayente y el nexo, el cual se perfecciona por el acto común de ambos. La contraibilidad indica cierta posibilidad, y está por bajo de aquella unidad que la engendra en lo divino, como la alteridad por la unidad, pues indica mutabilidad y alteridad en orden al principio.
(...) El propio contrayente, como determina la posibilidad de lo contraíble, desciende de la igualdad de la unidad. La igualdad, pues, de la unidad es la igualdad del ser. El ente y el uno, por tanto, se convierten. Por lo cual se dice que como contrayente es el que se adecúa a la posibilidad para ser de modo contracto esto o aquello, desciende rectamente de la igualdad del ser, que es el Verbo en las cosas divinas. Y como el mismo Verbo, que es razón e idea y absoluta necesidad de las cosas, Él mismo, necesita y constriñe la posibilidad al contrayente, de ahí que algunos llamasen al contrayente forma o alma del mundo, y a la posibilidad materia, (...).
(...) Y en cuanto al nexo de lo contrayente y lo contraíble, o de la materia y de la forma, o de la posibilidad y de la necesidad de constitución, se perfecciona en acto como por una especie de espíritu amoroso, que los une mediante cierto movimiento. Y este nexo, que por algunos fue llamado posibilidad determinada, ya que la posibilidad de ser en acto esto o aquello se determina por la unión de la forma determinante y de la materia determinable. (cap.VII)


La imposibilidad del centro fijo.
(17) Porque no puede haber en absoluto dos cosas iguales en el universo. Por lo cual es imposible que haya alguna máquina mundana, ya sea la tierra sensible, o el aire o el fuego, o cualquier otra cosa, como centro fijo e inmóvil con relación a los varios movimientos de los orbes. Pues no se llega en el movimiento a un mínimo absoluto, tal como un centro fijo, porque es necesario que el máximo y el mínimo coincidan. El centro del mundo, en este caso, coincidiría con la circunferencia. Pero no tiene el mundo una circunferencia, pues si tuviera centro y circunferencia, y tuviera de este modo dentro de él mismo su principio y su fin, él mismo estaría limitado por otra cosa, y habría fuera del mundo otro, cosas todas ellas carentes de verdad.

(...) No siendo posible que el mundo se encierre entre un centro corporal y la circunferencia, no se entiende el mundo cuyo centro y circunferencia es Dios. Y aunque este mundo no es infinito, sin embargo, no puede concebirse como finito, por carecer de términos entre los que esté comprendido. Así, pues, la tierra, la cual no puede ser el centro, no puede carecer de todo movimiento, pues es necesario que ésta se mueva de tal manera que siempre infinitamente sea posible que se mueva aún menos. Y así como la tierra no es el centro del mundo tampoco lo es la esfera de las estrellas fijas u otras cosas de su circunferencia, aunque comparando la tierra con el cielo, la tierra parezca más próxima al centro. No es, pues, la tierra tampoco el centro de la octava esfera o de otra; ni de los seis signos que aparecen sobre el horizonte se concluye que esté en el centro de la octava esfera. Pues si estuviera distante del centro y cerca del eje que pasa por los polos, de tal modo que una parte estuviera elevada hacia un polo y la otra alejada del otro, entonces, sólo a los hombres que estuvieran distantes de los polos tanto cuanto se extiende el horizonte aparecería la mitad de la esfera, como es evidente.

Tampoco está el centro del mundo más dentro que fuera de la tierra. Ni la tierra, ni ninguna esfera tienen centro, pues como el centro es un punto equidistante de la circunferencia, y no es posible que haya una esfera o círculo que sea la más verdadera sin que se pueda dar otra más verdadera, es evidente que no puede darse un centro sin que pueda darse también otro más verdadero y exacto. Puntos equidistantes, exactos y diversos, no se pueden hallar fuera de Dios, porque Él sólo es la infinita igualdad. El centro de la tierra, pues, es el que es centro del mundo, es decir, Dios bendito. (cap.XI)

(18) Los polos de la esfera coinciden con el centro en cuanto que no es otro el centro que el polo, que es Dios bendito. Y como nosotros no podemos descubrir el movimiento sino por comparación con lo fijo, presuponemos los polos o un centro en las medidas de los movimientos; de ahí que, andando en conjeturas, averiguamos que nos equivocamos en todas las cosas, y nos admiramos cuando, según las reglas de los antiguos, encontramos que no concuerdan las estrellas en su situación, porque creemos que ellos habían pensado rectamente acerca de los centros, de los polos y de las medidas.

Por estas cosas se hace manifiesto que la Tierra se mueve. (cap.XI)

La Tierra.
Condición de la Tierra. Movimiento y forma.

(19) Por lo cual, la máquina del mundo tendrá el centro en cualquier lugar y la circunferencia en ninguno, pues la circunferencia y el centro es Dios, que está en todas y en ninguna parte. La Tierra no es esférica, como dijeron algunos, aunque tienda a la esfericidad, pues en ella está la figura del mundo contracta en sus partes; así como también el movimiento. Pero cuando se considera la línea infinita como contracta, de tal manera que, como contracta, ni más perfecta ni más capaz, entonces es circular, pues en ella coincide el principio con el fin.

Así, pues, el movimiento más perfecto es el circular y la figura corporal más perfecta la esférica. Por lo cual todo el movimiento de la parte se dirige para su perfección hacia el todo, como los cuerpos graves hacia la Tierra y los leves hacia arriba, la Tierra hacia la Tierra, el agua hacia el agua, el aire hacia el aire, el fuego hacia el fuego; y el movimiento del todo se asemeja cuanto puede al circular, y toda figura a la figura esférica, como experimentamos en las partes de los animales, de los árboles y del cielo. Por lo cual, un movimiento es circularmente más perfecto que otro, y también las figuras son diferentes.
La figura de la Tierra, por tanto, es móvil y esférica, y su movimiento circular, pero puede ser más perfecto. Y como el máximo no se da en las perfecciones, movimientos y figuras del mundo, como resulta evidente por las cosas dichas antes, no es verdad que la Tierra sea vilísima e ínfima, pues aunque parezca la más central en cuanto al mundo, sin embargo, por la misma razón, está más próxima al polo, como se ha dicho. (cap.XII)

Naturaleza de la Tierra. Negación de su vileza.
(20) La Tierra es, pues, una estrella noble, que tiene una luz, un calor y una influencia distinta y diversa de todas las demás estrellas, lo mismo que cualquiera de ellas difiere ¡de otras en luz, naturaleza e influencia. De este modo cualquier estrella comunica a otra, luz e influencia, no por intención, pues todas las estrellas se mueven y brillan sólo para ser del mejor modo, y esta participación se Origina de esto como una consecuencia.
(...) No debe decirse tampoco que la Tierra, por ser menor que el Sol y recibir su influencia, sea por ello más vil, porque toda la región de la Tierra que se extiende hasta la circunferencia del fuego es grande. Y aunque la Tierra sea menor que el Sol, como por la sombra y los eclipses nos es conocido, no nos es conocido, sin embargo, cuánto es mayor o menor la región del Sol que la región de la Tierra. Pero no puede ser exactamente igual, porque ninguna estrella puede ser igual a otra. Tampoco la Tierra es la estrella mínima, porque es mayor que la Luna, como nos enseña la experiencia de los eclipses, y es mayor también que Mercurio, como dicen algunos, y mayor que casi todas las otras estrellas. Por ello el argumento no demuestra, por el tamaño, nada sobre la vileza.
(...) Tampoco con respecto al lugar, porque este lugar del mundo sea habitación de los hombres, animales y vegetales, que son más innobles que los habitantes de la región del Sol y de otras estrellas. Pues aunque Dios sea el centro y circunferencia de todas las regiones de las estrellas, y procedan de Él las distintas naturalezas de las noblezas, en ninguna región deja de haber habitantes y no hay ningún lugar de los cielos ni de las estrellas que esté vacío, y no parece ser sólo esta tierra la habitada por cosas menores. Sin embargo, por la naturaleza intelectual que habita en esta Tierra y en su región no parece que pueda darse más noble y perfecta según esta naturaleza, aunque haya habitantes de otro género en otras estrellas.
Así, pues, el hombre no apetece otra naturaleza, sino sólo ser perfecto en la suya. No hay proporción, pues, entre los habitantes de otras estrellas, cualesquiera que sean, y los de este mundo; aunque toda esa región tenga alguna proporción oculta a nosotros, según el fin del universo, con esta región, de tal modo que los habitantes de esta tierra o región tuvieran mutuamente alguna relación con aquellos otros habitantes mediante la región universal, al modo que las articulaciones de los dedos de la mano tienen por medio de la mano una proporción con el pie, y las articulaciones particulares del pie, por medio del pie, con la mano, en cuanto que todas las cosas están proporcionadas en el animal íntegro. (cap.XII)


(21) Por ello la Tierra es casi un animal (como dice Platón), que tiene piedras en lugar de huesos, ríos en lugar de venas, árboles en lugar de cabellos, y hay animales que se nutren entre esos cabellos de la Tierra como los gusanos entre los pelos de los animales.
Y el fuego se dispone en relación a la tierra casi como Dios con respecto al mundo, pues el fuego tiene muchas semejanzas con Dios respecto a la tierra, y su poder no tiene fin, actuando, penetrando, ilustrando, distinguiendo y formando por medio del aire y del agua todas las cosas en la tierra, que por la tierra son engendradas, en cuanto que no hay nada en las cosas que no se haga por una u otra operación del fuego, pues las formas de las cosas son por la diversidad del resplandor del fuego. (cap.XIII)